Carta nº 15 – Invierno 2023

Cuando visito cuevas prehistóricas (una sorprendente nueva afición vacacional que me ha traído la mediana edad), además de admirar las estalactitas y pinturas rupestres, me gusta fantasear con cómo pasarían el invierno en ellas nuestros antepasados. Refugiados durante meses de un mundo frío y oscuro, me los imagino alrededor del fuego viajando con la mente a los verdes prados de la primavera, o mirándose hacia el interior para intentar descifrarse y conocerse, esa actividad en la que nuestra neurótica especie no tiene rival. Buenas rayadas de cabeza se tenían que comer los cromagnones.

100.000 años después ya no vivimos en cuevas, pero llegado el frío seguimos aislándonos del exterior para asomarnos a las ventanas del interior; no hay fantasía literata que no incluya una cabaña, una máquina de escribir y una pila de leña infinita. Yo no soy escritor, pero a veces (como cuando me enfrento a estas cartas) tengo que mirar hacia dentro para extraer cosas afuera, y la idea ascética de darle temporalmente la espalda al mundo para volver a él más rico me resulta inspiradora. Imagino un mini Guillermo moviéndose en la oscuridad entre la cabeza y el pecho, alimentando con ideas una pequeña hoguera a la altura del corazón, intentando ver entre las llamas un nuevo futuro para la revista, para la vida, para la revolución.

Una de las razones por las que monté Salvaje es porque estaba soberanamente aburrido de la manera en la que se contaban los pueblos y la naturaleza, y quería crear un espacio donde poder sorprenderme con voces inéditas. Por eso ahora me entusiasma que, cabalgando la misma ola de renovación en la que nosotros nos montamos hace tres años, cada vez aparezcan más visiones y acentos que reflejan la inagotable variedad del campo; en este número encontrarás unos cuantos ejemplos de ellas.

Pero siguen siendo pocas, y hay demasiado por hacer. Hay que reinventar el trabajo, el tiempo, la comida y la tierra en una carrera contrarreloj, y no podemos delegar en los Espíritus Creativos la tarea de salvarlo todo. Necesitamos nuevas voces artísticas, sí, pero también nuevos fontaneros, pescaderas, maestros, abogadas, agronomistas y mediocentros que repiensen todos los ámbitos de la realidad; necesitamos que tú, tu prima y el del bombo os encerréis en la cueva y salgáis de ella con una idea ardiente.

¿Qué os dicen las llamas, Casandras y Prometeos? ¿Qué visión nos traéis? ¿Con qué regalo para el mundo emergeréis esta primavera?

 

Guillermo.

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