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Ilustración de una pareja con el teléfono en la mano señalando hacia una cascada con arcoíris en el bosque, con un coche rojo aparcado detrás entre los árboles.

Al final de la ruta, una cascada

—No me parecen hippies —dijo el padre—. Me parecen otra cosa, pero no sé el qué. Me parecen como franceses.
Fachada de una casa de piedra encalada con la pintura descascarillada, una ventana de madera rota en el piso alto y otra pintada de verde abajo, con macetas de bejeques y pitas al pie del muro.

Sangre muerta

Pipe tiene cinco años, duerme con puñados de tierra bajo la sábana y sus hermanas dicen que tiene la sangre muerta. Andrea Abreu vuelve a los montes de Tenerife de los años setenta, los de la infancia de su padre, para contar en este relato el hambre, las cabras y todo lo que un niño escucha sin que nadie se dé cuenta.